Aprenderás.

Este mes de agosto, el pasado día 14, se cumplieron 5 años de la muerte de mi padre. 5 años en los que las sabias palabras de la carta “Aprenderás” -mal atribuida a Shakespeare, según parece- se han convertido en una  realidad en mí. En concreto, aquella famosa frase que dice “Aprenderás que hay mucho mas de tus padres en ti de lo que supones.” Muchos días me descubro a mí mismo desde dentro mirando como mi padre, gesticulando como mi padre, pensando como él y, seguramente, sintiendo como él.

Meses antes de aquella fecha, tuve una pesadilla. En ella, yo iba sobreviviendo a todos mis seres queridos; en concreto, todos aquellos que habían sido partícipes de mi infancia (padres, abuelos, tíos y amigos de entonces). Sentí una profunda soledad, como si fuera un animal enjaulado, alimentado para seguir vivo; sin ninguna posibilidad de compartir esa vida con nadie, sin nadie ya con quien hablar. Me gusta pensar que eso que queda en mí de mi padre es lo que impide que mis pesadillas se hagan realidad.

 

Os comparto la carta Aprenderás, para que la leáis y disfrutéis. Espero que os haga reflexionar tanto como a mí.

Después de un tiempo,
Aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma; y aprenderás, que amar no significa apoyarse y que compañía, no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender; que los besos no son contratos, ni regalos ni promesas. Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto; y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para tus proyectos y el futuro, tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo,
Aprenderás, que el Sol quema si te expones demasiado. Aceptarás; incluso, que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza; y apenas unos segundos destruirla, y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias; y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida y que los buenos amigos, son la familia que nos permiten elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que lo amigos cambian. Te darás cuenta de que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa; o simplemente nada, sólo por el placer de disfrutar su compañía. Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan; y por eso siempre debemos decir a esa persona que la amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que la veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tiene influencia sobre nosotros, pero que nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzaras a aprender que no nos debemos compararnos con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser; y que el tiempo, es corto.
Aprenderás que no importa donde llegaste; sino a donde te diriges, y si no lo sabes, cualquier lugar sirve.
Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlan; y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: Siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes, son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias.
Aprenderás que la paciencia, requiere mucha práctica. Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de la experiencia, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti, de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes; y sería una tragedia si lo creyese, porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho a ser cruel. Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero no saben cómo demostrarlo. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien; algunas veces, tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas; también serás juzgado y en algunos momentos, condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que puedes volver hacia atrás; por lo tanto debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces, y sólo entonces, sabrás
realmente lo que eres capaz de soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas, cuando creías que no se podía más. Es que realmente la vida vale, cuando tienes el valor de enfrentarla.
Feliz día 1 de septiembre de 2016.
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Lo que ha cambiado en el running desde que empecé.

Obviando que antes se llamaba correr, son muchas las cosas que han cambiado en este mundillo. Hoy vamos a centrarnos en una menos notoria  para ojos inexpertos: los libros sobre running.

Cuando empecé a engancharme en este mundillo, había que buscar los libros con lupa. Entrabas en una gran librería (las pequeñas ni sabían que había libros de ello) y el sudor empezaba a recorrer tu frente sabiendo el esfuerzo que te iba a costar dar con el par de libros que habría. Y no eran más, no, un par. Cuando por fin dabas con el trozo de estantería donde estaban, te encontrabas unos tochos infumables que por lo general eran textos técnicos para entrenadores o atletas de élite. Supongo que la cantidad de calorías quemadas en la búsqueda y lectura del libro, garantizaban que llegarías en el peso adecuado a la carrera que estabas preparando, y para la cual te habías decidido a buscar más información.

Pasó el tiempo, la gente comenzó a engancharse a correr, y los editores, que de tontos no tienen un pelo (mirad si no cómo editaron un libro de Belén Esteban, que copó la lista de los más vendidos durante un tiempo) vieron una gran oportunidad en publicar libros sobre el running. Ahora entras en una librería, incluso en las chiquitas, y ves libros sobre el tema en cualquier mesa de novedades, de los más vendidos, de los más solicitados, de los más… Por todas partes hay libros sobre la materia.

Una búsqueda en la web de la Casa del Libro, con el término de búsqueda “running”, nos da un resultado de 1304 en la sección de libros (más de 700 en ebook, pero asumo que todos, o casi, serán los mismos que solo que editados en formato digital). No creo que haya nadie tan ingenuo como para creer que más de 1000 libros sobre un tema pueden tener una calidad aceptable, o no estar rellenos de una palabrería propia de las revistas que salen publicadas cada mes (cuyos reportajes se repiten, con otras imágenes, cíclicamente). Libros para principiantes, intermedios, avanzados; sobre técnica; sobre maratones, distancias cortas, ultramaratones; para niños, mayores, mujeres, hombres de mediana edad con tripa cervecera; gente que le gusta entrenar sola, gente que le gusta entrenar en grupo; la segunda parte de cada uno de los anteriores (repitiendo el mismo contenido que la primera, pero con otro orden de los capítulos). En fin, que el que no encuentra el libro que no busca lo escribe. Así de simple.

 

Feliz tarde.

30 de diciembre de 2015.

P.D: me he ceñido a una búsqueda rápida del término “running” porque el término correr exigiría una revisión, título a título, para saber si el libro se refiere a la actividad atlética. Además, soy de los defensores del término “running” para evitar malos entendidos con la expresión “me voy a correr….” y similares.

 

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Hablemos un poco de algo.

“Mi amigo Biri ya corría antes de que todo eso del running fuera moda”.

A decir verdad, comencé no muchos años antes. Lejos habían quedado aquellos hombres corredores (pocas mujeres había entonces) que, calzados con unas zapatillas sin colores fluorescentes y con una camiseta de algodón de cualquier hipermercado, corrían por la calles y parques, semiocultos a la vista, como bichos raros que eran. Ahora todo es distinto.

Las últimas polémicas que recuerdo en este mundillo son: los precios y las muertes de los corredores. Ambas situadas por la gente en la categoría: “consecuencias de la moda del running”.

Sobre los precios hay una larga polémica que viene de tiempo atrás. No pretendo analizar si el precio es elevado o no, en eso entraré un día en más profundidad. Lo único que puedo decir es que en cada línea de salida en la que me planto, veo a miles de personas que han pagado su dorsal. Si el precio es elevado, teniendo las calles gratis para correr cada día, no habría tanta gente. Al menos eso es lo que mi mente logra deducir.

Acerca de las muertes de corredores no me gusta hablar. Por respeto al fallecido y a la propia parca. Me resulta curioso que la razón que da mucha gente es la de que el corredor no estaba preparado, que era poco más que ese dominguero con tripa cervecera que un día decide que el deporte es bien, y que por qué no correr unos  buenos kilómetros. Luego te pones a leer un poco más, y en la mayoría de las ocasiones, el corredor fallecido es un joven deportista con una buena preparación física. Pero bueno, ya sabemos que las opiniones son como los culos y todos tenemos uno. ¿no?

 

Feliz tarde.

29 diciembre 2015.

 

 

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Crónica de la Media Maratón Villa de Madrid 2015.

Por fin llegó el día en que me situaba de nuevo en la salida de la Media Maratón Villa de Madrid y donde podría, por tanto, quitarme la espinita que me quedó clavada en la última edición -y que relaté en esta entrada-.

Todo era diferente a hacía un año: en mis piernas había unos 400 km más de preparación específica (por tener un plan mayor en mente); la noche anterior no pasé de beberme una cerveza mientras ultimaba la estrategia para la carrera -no como el desfase del año anterior donde me acosté “un poco perjudicado”-; y gracias a que la organización situó cajones de salida, pude situarme en un buen lugar para el ritmo que pretendía llevar.

Las deliberaciones nocturnas sobre la estrategia duraron no más de un minuto, tras el que me dije: “a 4’20” el km y listo, que sea lo que Dios quiera”. Ni subidas, ni bajadas, ni geopolíticas, ni zarandajas varias. 4:20 era el objetivo común para todos los kilómetros de la carrera. Si lo conseguía mantener, batiría mi marca personal de la media maratón, aunque siempre hay que recordar que Madrid es una ciudad puñetera para el corredor, con pocos metros llanos, y que la media maratón de esta ciudad gusta poco de buscar tramos llanos.

Así que ahí estaba yo en la salida, con el objetivo en mente, pero con las dudas lógicas de si ese objetivo tan constante era posible con todo el desnivel acumulado durante la carrera. Mi verdadero punto de control no sería la meta -pues poco puedes hacer ya ahí-, sino el kilómetro 8, la zona más alta de la carrera: Plaza de Castilla. Si en ese punto había conseguido llevar el ritmo de 4:20, sería difícil que se me escapara mi marca personal, pues la segunda parte -quitando los dos últimos kilómetros- es mucho más benévola con el corredor.Al paso por el km 8, sólo el primer y el sexto km se me habían ido un poco -4:33 y 4:25, respectivamente-, pero estos pequeños deslices estaban compensados por km por debajo de 4:15. Así que supe que sí, que estaba hecho y sólo un desfallecimiento podía derrotarme esta vez.

Cuando llegado el km 19 -el terrorífico km de la subida de Alfonso XII- mis piernas denotaron bastante fatiga muscular, pero habiendo llegado ahí con todos los km por debajo de 4:20/km desde el 6, no iba a dejar que se me escapara. “Zancada corta y a bracear” -me dije. Y eso hice. No puedo negar que los km 19 y 20 tuve que apretar mucho los dientes y que estuve muy tentado a pararme unos segundos a tomar aire. Por fortuna se hace camino al andar, y cada zancada me iba acercando más al maravilloso momento en que entras al Retiro y te recibe una casi imperceptible bajada -que de imperceptible no tiene nada cuando tienes el estómago en la boca-.

Entré en meta en 1h30:58, según el crono oficial, 1h31:00 en mi GPS, con un ritmo medio de 4:15/km. Son casi 3 minutos menos que mi anterior marca, y se quedó a 58 segundos del que es mi gran objetivo como corredor: hacer una media maratón en menos de 1h30min. ¿Lo habría logrado en una media llana? Nunca lo podrá saber, pues como dijo Heráclito “Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos”.

Feliz noche del 9 de abril de 2015.

P.D: para no aburrir a nadie no he considerado apropiado contar mucho más de la carrera, así que si alguien está interesado en más información, que me lo diga y le paso el enlace de Garmin con la carrera.

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Volvamos a asombrarnos como niños.

“Hoy todo es distinto: la magia es solo un truco y el placer no lo proporciona la ilusión, sino el reto de desenmascarar al mago”. Simon Garfield.

Hace un par de años -más o menos-, en las mañanas de los fines de semana, emitían un programa que desvelaba los trucos de los magos. Recuerdo que un tipo, ataviado en su valentía con una máscara, realizaba los trucos para acto seguido una voz en off explicarnos cómo lo había realizado. En unos minutos, la ilusión de la magia quedaba rajada de arriba a abajo y con ella crecía el orgullo del espectador de poder decir que sabe de qué va eso de la magia, que sabe los trucos, que a él no se la dan con queso. Quizás el programa era necesario en una época donde toda esta información está -o iba a estar- a golpe de un clic en internet, y no hacía más que anticiparse a la triste realidad.

Y es que siempre ha habido motivos para querer saber cómo los magos realizan los trucos. A vuela pluma se me ocurren varios. Ligar con una chica -quien no tiene en mente alguna escena de película donde el tímido chico saca toda su osadía para sorprender a la guapa damisela que, embobada, se ríe pícaramente del torpe truco-; o robar -porque hay que reconocer que la habilidad de sacar algo de tu bolsillo es muy apreciada en el mundo del hampa-; o poder manejar las cartas con habilidad en una partida de póker -donde casi lo más importante en las mismas es aparentar no ser el pringado-.

En el fondo, queremos comprenderlo todo, controlarlo todo. No nos gusta que algo quede fuera de nuestra razón y comprensión, fuera de nuestros modelos de previsión; pues esto implicaría inseguridad. Hemos abrazado el racionalismo propuesto por Descartes que nos decía que los sentidos nos engañan, y que a la verdad sólo se puede llegar por la razón. Y no queremos vivir con la ilusión del niño que ve por primera vez algo asombroso e incomprensible para sus conocimientos* (ver P.D)

Volvámonos a asombrar. Dejémonos sorprender por todas estas habilidades que el ser humano ha creado sin otro fin que nuestro divertimento y el engaño de nuestros sentidos. Olvidemos el final de los chistes para reírnos a mandíbula batiente la próxima vez que alguien nos los cuente; dejemos a un lado los finales de las películas para poder vivir de nuevo la vida de los protagonistas como lo harían ellos, desconociendo qué les ocurrirá la escena siguiente. Sobre todo, no olvidemos que la vida es impredecible, porque de otra manera jamás tendremos sino la ansiedad de quien busca los imposibles.

Feliz sábado. 4 de abril de 2015.

*P.D: sé que esto choca con la realidad en muchas otras cuestiones de la vida, como el auge de las medicinas que no han demostrado ninguna utilidad, el rechazo al progreso científico argumentado solamente la conspiración de las multinacionales, o el creciente interés por programas sobre misterios -muchos de ellos totalmente inventados-; qué queréis que os diga, es propio del ser humano llevar una vida llena de incongruencias Pero esto será tema para otro día.

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Ha pasado un tiempo…

Querido lector:

Han pasado ya unos cuantos meses -no quiero mirar cuántos- desde la última vez que me senté a escribirle y contarle algo sobre mí. No ha sido falta de ganas o empacho de desidia todo lo que me ha impedido acercarme al teclado, sino la germinación de problemas que, por más que uno pudiera anticipar su presencia futura, han ido apareciendo y dirigiendo mi vida.

El mayor de ellos ha sido la enfermedad de mi abuela materna. Ni siquiera sé si llamar a la demencia senil enfermedad, pues en caso de mi abuela -90 años la contemplan- quizás sea sólo el principio del final de una vida llena de recuerdos. Igual un día me veo con fuerzas para escribir sobre los meses de este invierno que, encerrado con ella en la casa de mi madre en Burgos, he tenido tiempo de escuchar fantásticas historias sobre su vida y la soledad que siente quien se ve superviviente de todos sus amigos y familia.

Hoy no dispongo de tiempo ni ganas de contarle mucho más por ahora, sólo el desempolvar las articulaciones de mis dedos ya me parece un reto suficiente por hoy. Espero no tener que hacerle esperar mucho para contarle algo más.

Afectuosamente,

Biritx

P.D: gran parte de estos meses ha ocupado mi mente eso que ahora llaman running, así que es posible que los próximos post tengan algo que ver con esta afición tan de moda.

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El azar en nuestras vidas.

La vida es un fino equilibrio entre el ser y el no ser, estar vivo o no estarlo. No descubro nada con esta frase, pues casi todo el mundo así lo admite. Sin embargo, el ser humano nunca será capaz de comprender del todo porqué existe la vida como tal, qué azar tan complejo ha determinado que exista cada ser que habita la Tierra. Y es mejor así. En el momento en que fuéramos capaces de desenmascarar este misterio, dejaríamos de admirar ese milagro que es vivir.

Hace no mucho tiempo, comenzó en la televisión la emisión del programa “1000 maneras de morir“. La calidad del programa era discutible, pero a mí me gustaba verlo porque me ayudaba a comprender lo frágil que es la vida. En el mismo, podíamos ver dos grandes tipos de muertes: por un lado, aquéllas en que al verlas pensaba que el difunto se lo “merecía” por descuidado, por arriesgado o incluso por tonto; y por el otro, aquéllas en que no podía menos que compadecerme por una vida truncada de manera tan azarosa. Creo que este segundo tipo de muertes deberían estar recogidas en otro programa para que nos recordara la suerte que es vivir cada día.

Desgraciadamente, los ejemplos de este segundo tipo no dejan de sucederse en los últimos tiempos. Recuerdo aún el día que me estremecí al leer que un hombre de 38 años moría en El Retiro al caerle una rama de un árbol. Para añadir más sensación de “injusticia” el hombre estaba acompañado de sus hijos pequeños. Anteayer, un jugador de fútbol en la India moría al celebrar un gol dando un par de saltos “mortales”. En el segundo de estos saltos, la falta de energía para el impulso o una mala técnica le hizo aterrizar golpeándose el cuello. Lo dije en alguna ocasión, la euforia es una emoción positiva que tenemos que tratar de evitar.

La vida en sí es equilibrio, las emociones también deben moverse en una banda equilibrada entre las positivas y las negativas. Los excesos, incluso de las positivas, son peligrosos.

Feliz tarde del 21 de octubre de 2014.

P.S: este verano prolongado bien merece que apague usted el ordenador y salga a disfrutar de la cálida temperatura. Que luego se le llenará la boca del famoso “winter is coming” y no habrá marcha atrás en el continuo espacio-tiempo.

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